LANSA (Líneas Aéreas Nacionales S.A.)

      No vamos a detallar los orígenes de la línea aérea más irresponsable e indolente de la historia de la aviación comercial en el Perú, ya que su nombre ha pasado a ser tristemente célebre como sinónimo de tragedia; sólo decir que comenzó a operar en noviembre de 1963 y fue fundada por Alfonso Prado Vargas, quien la vendió poco después.
      LANSA inició su racha de accidentes el 27 de abril de 1966 con la caída de un Lockheed 749 - Constellation, causando 49 víctimas. La Comisión encargada del caso determinó que "el piloto seleccionó incorrectamente la ruta en violación a lo establecido por la aerolínea para el vuelo" y "calculó mal el grado de elevación de la aeronave en relación al peso que llevaba", entre otras cosas. Pero el piloto ya había volado 112 veces en esa ruta y se concluyó que sus errores se debían al cansancio y al estado de ánimo. Además, estos aviones ya habían tenido problemas en otras partes, y es más, ya el mes anterior había caído un Lockheed L-1049 en la selva peruana, de otra línea aérea aunque sin consecuencias fatales.
      Sin embargo, fue la falta de criterio de algunos de los pilotos de LANSA, añadidos a la irresponsabilidad criminal de su personal lo que ocasionó que el 9 de agosto de 1970 cayera en la selva peruana el Lockheed L-188-Electra, fabricado en 1959, llevando a bordo 49 escolares norteamericanos que se hallaban aquí como parte de un programa de intercambio, 13 estudiantes peruanos que habían ganado el viaje al Cuzco por sus merecimientos, 19 turistas peruanos y 11 extranjeros, así como la tripulación conformada por 7 personas. También fallecieron dos agricultores que se hallaban en tierra.
      Las reacciones de dolor de los padres fueron inenarrables. Según una versión, al parecer el motor nº3 falló al momento de despegar y, en lugar de detener el avión, el piloto intentó el despegue de todas maneras; el avión no pudo mantener la velocidad mínima de subida y al retraer los flaps perdió sustentación y cayó hacia la izquierda, impactando en el suelo. Los pasajeros supieron en todo momento lo que pasaba porque se encontraron evidencias de que hubo pánico a bordo antes del accidente ( se encontraron niños abrazados junto a la cabina del piloto ). Pero el informe de la Dirección General de Aeronáutica Civil determinó además que el avión estaba sobrecargado, que la hora original de vuelo había sido cambiada arbitrariamente ( partieron 6 horas después, no siendo adecuado ni común volar por la tarde en esas zonas ) y que 14 miembros del personal de mantenimiento estaban trabajando sin licencia o con la licencia expirada. Asimismo halló que LANSA intentó encubrir los hechos y finalmente determinó que LANSA había operado la nave en forma negligente.
      Aquí se puede apreciar una foto de los escolares fallecidos en dicho vuelo, subiendo al avión sin imaginar que pocos minutos después los llevaría a la muerte. Sólo sobrevivió un tripulante, el aprendiz de piloto Juan Loo Lock, de 28 años, con graves quemaduras, quien fue hallado en un árbol.

      Pero el presidente del directorio, Juan Checa Solari, juró a los cuatro vientos que la línea podía recomponerse y que estaban seguros de cumplir esta vez con todas las normas de seguridad. Por ello, a pesar de los graves cargos formulados en su contra, en forma increíble el personal de LANSA sólo recibió sanciones administrativas y la línea aérea fue multada y suspendida 90 días. Sin embargo, la suspensión prácticamente fue dejada sin efecto por las autoridades ya que el 24 de setiembre se le concedió a la aerolínea una licencia provisional de operaciones a ser renovada cada 30 días. Por lo tanto, quedaba el camino libre para que el 23 de diciembre de ese mismo año fuese incorporado a la flota otro Lockheed Electra, de 92 asientos que fue bautizado como el pomposo nombre de "Mateo Pumacahua". Los padrinos, el Coronel FAP José de Riva Lucero y su esposa, manifestaron su "deseo de que nuevamente LANSA se ubique entre las mejores líneas aéreas nacionales". Después de todo, como decía su slogan "Con LANSA... el Perú avanza".
      Y sucedió lo que tenía que suceder: el 24 de diciembre de 1971 el "Mateo Pumacahua" se estrelló en la selva mientras volaba a Pucallpa con 91 personas a bordo entre pasajeros y tripulantes. El piloto, Carlos Forno Valera, era el mismo que el año anterior había protagonizado en la pista de aterrizaje del Aeropuerto Jorge Chávez, ante el estupor de los observadores, el más espectacular "panzazo" que se haya visto en dicho aeropuerto internacional, con un YS-11 de fabricación japonesa. En aquella ocasión los 14 pasajeros se salvaron de milagro.
      El "Mateo Pumacahua" habría sido, al parecer, alcanzado por un rayo y al efectuarse las maniobras para tratar de nivelarlo se desprendió el ala derecha. Se determinó que 14 personas sobrevivieron al impacto, incluso una mujer que vagó en la selva y habría muerto aparentemente apenas dos días antes de ser encontrada; pero lo cierto es que sólo una quedó finalmente con vida para llegar a la civilización once días después: una joven alemana de 17 años de nombre Juliane Margaret Koepcke, hija de un prominente ornitólogo afincado en la Amazonía. Koepcke fue encontrada por unos leñadores cerca del caserío de Tournavista, a orillas del río Shebonya, con la espalda prácticamente deshecha por los parásitos.
      La licencia provisional de LANSA, que vencía el 31 de diciembre, no fue renovada; el 3 de enero de 1972 mediante resolución ministerial la autorización de funcionamiento fue cancelada y el último Electra de LANSA que aún quedaba fue retirado del servicio, quedando abandonado en el Aeropuerto Jorge Chávez, donde le "robaron" sospechosamente los motores, permaneciendo en dicho aeropuerto hasta 1975, año en que quedó convertido finalmente en ollas de metal. Ese fue el triste final para una de las peores empresas de aviación civil de la historia.

Plaza San Martín